“De Lealtad, Loncheras y Balones Desinflados”

“De Lealtad, Loncheras y Balones Desinflados”

​Hace muchas, muchas lunas, cuando tenía solamente once añitos y cursaba quinto de primaria en un colegio de la Ciudad de México, Melchor, Gaspar y Baltasar me trajeron el mejor regalo del que tengo recuerdo. Era una lonchera metálica (les dije que hacía muchas lunas) de la NFL. Se podían ver en ella los cascos de cada equipo. Estaba feliz con mi regalo, lo miraba todo el tiempo y me sentía orgullosísima de poder identificar todos los cascos, el nombre de cada equipo y algunos de sus jugadores. El primer día de clases después de la llegada de los Reyes me la llevé al colegio. 

 

​Ese día entendí muchas cosas. La primera fue el significado de la palabra “marimacha”, que no había oído antes jamás. Le pregunté su significado a una de las maestras, quien abrió unos ojos muy grandes, y trató de explicarme la palabra lo mejor que pudo. A partir de ese momento, entendí la segunda cosa, que por cierto, me resultó muy extraña: las niñas no ven el Futbol Americano. Esto era inexplicable para mí. Yo había empezado a ver este deporte desde los seis años, amaba a mi equipo con locura ya en ese entonces, conocía estadísticas de mis jugadores favoritos, y lo mejor que me podía pasar era que llegara el domingo para ver todos los partidos que podía. Desde luego, estas pobres no sabían de lo que se perdían.

 

​Lo más extraño de todo esto para mí, es que todo lo que sabía en ese entonces sobre Americano me lo había enseñado mi mamá. Si señores y señoras, mi mamá. Muy pocas veces a lo largo de todos estos años he conocido a alguien que disfrute, conozca y ame el Futbol Americano como lo hace mi Señora Madre. Tengo recuerdos maravillosos de esos domingos. Jamás voy a olvidar un partido entre los Cargadores de San Diego y los Delfines de Miami que sucedió en 1982 y que creo es uno de los mejores partidos en la historia de este deporte. Después de cuatro peleadísimos cuartos, comenzaron los tiempos extras. Los jugadores de ambos equipos estaban agotados y deshidratados. Los entrenadores, Don Coryell de San Diego y Don Shula de Miami, tenían la cara más rara que he visto, una mezcla de enojo, frustración y emoción intensa. Mi mamá, quien había estando gritándole a los jugadores (o sea a la tele), todo el partido, se levantó, fue hacia la videograbadora (les dije que hacía muchas lunas de esto), puso una cinta adentro y me dijo muy seria: “Esto hay que tenerlo para la posteridad”. Tenía razón, no había como ver a esos dos fabulosos mariscales de campo, Dan Fouts de los Cargadores y Dan Marino de los Delfines, enfrascados en un partido que todo el mundo quiere que termine, y que al mismo tiempo nadie quiere que termine. Después de un intento de gol de campo fallado por cada equipo, San Diego terminó por imponerse 41 a 38 sobre Miami. Todavía tenemos el video.

 

​Así eran mis domingos con mi familia y especialmente con mi mamá, emocionantes y llenos de gritos hacia la televisión, la mayoría perpetrados por ella. Ahí aprendí que no importa si tu equipo gana o pierde, siempre será tu equipo. Lo que intento decir es que, a través del Futbol Americano, aprendí lo que es la lealtad. Mis Cargadores nunca han ganado un Súper Tazón, y solo han participado en uno, pero aún así, jamás ha cruzado por mi mente la idea de irle a otro equipo.

 

​Hasta el día de hoy recuerdo perfectamente mi reacción todas las siguientes veces que las niñas del colegio me llamaron “marimacha” o “niño”. Levantaba mi cabeza un poquito más de lo normal, con un gesto de orgullo y sonreía. No era un orgullo fingido. Era el orgullo de entender y amar algo que ellas no entendían, que me daba mucho más de lo que ellas podían imaginar. Aunque no lo pensaba así en ese momento, estaba aprendiendo a ser leal a lo que amo, aún y cuando otros no lo comprendan, compartan o respeten. Es ese valor, la lealtad, uno de los más indispensables y escasos en la sociedad actual. La lealtad se aprende de distintas formas pero cuando se aprende a través de un deporte y del amor a un equipo, suele ser absoluta.

 

​Ejemplos hay millones, pero existe uno muy actual. En la post-temporada del año pasado, los Patriotas de Nueva Inglaterra fueron descubiertos jugando con balones “desinflados”, es decir, que los balones tenían menos aire dentro de lo que el reglamento establece, en el partido contra los Potros de Indianapolis. Este evento resultó en una suspensión de los cuatro primeros partidos de la temporada para Tom Brady, el mariscal de campo de Nueva Inglaterra, por considerarse que tenía conocimiento de que los balones estaban desinflados y no había hecho nada al respecto. No es la primera vez que los Pats son descubiertos con las manos en la masa; también estuvieron involucrados en un caso de espionaje después de haber colocado micrófonos en los vestidores de los Jets durante un partido. 

 

​Los fans de los Pats están, en su mayoría, furiosos por la suspensión de Brady, los posters de “Liberen a Brady” están por todas partes. Culpables o no, los fans de los Patriotas están con su equipo. Pero me llama la atención aún más, el hecho de que los fans de los Jets hayan decidido invertir dinero en contratar una avioneta para que hace unos días sobrevolara el entrenamiento de los Patriotas portando un enorme letrero que dice “Miren para arriba tramposos”. La lealtad, tal vez para algunos malentendida, está ahí, y el dinero no la limita. Los Jets no están bien, han tenido temporadas desastrosas y llenas de problemas, chismes y desacuerdos internos en los últimos años, pero sus fans, como siempre, están con ellos. Y eso mismo es lo que siento yo, no solamente por mis Cargadores, sino por el Futbol Americano en general.

 

​Una de las primeras canciones que bailó mi hija, fue el tema del “Sunday Night Football”. Desde que era bebé (algunos dirán pobrecita) ve el Americano conmigo. Y aunque todavía está muy pequeñita, tengo la esperanza de poder compartir con ella muchos partidos emocionantes, muchos gritos regañando a los jugadores (o sea, a la tele), y muchos años de anticipar la llegada de la nueva temporada. Pero más aún que esto, tengo la esperanza de poder transmitirle esa lealtad, ese sentimiento de orgullo que me ayudó a entender que si uno sabe quien es, lo que piensen los demás no importa, y que lo más importante de todo, es la lealtad a uno mismo, le pese a quien le pese.

No comments

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.